Los diarios LA VOZ DE HUANCAYO y EL MINERO de Cerro de Pasco, informaron profusamente sobre este suceso: ingrato para los cerreños y, feliz para los huancaínos. Hemos recogido versiones del poeta y periodista Stefen Viladegut y del historiador Eduardo Mendoza. Aquí les ofrecemos los pormenores de esta delirante historia de hace apenas 80 años.

La Capital del departamento de Junín se encontraba en Cerro de Pasco a 4,352 m. de altitud, ciudad de clima inclemente e inapropiado para la permanencia de los funcionarios de considerable edad. Esta dificultad hacía que frecuentemente ellos enfermaran y tuvieran que pedir licencias, permisos, y traslados a lugares de menor altitud, dando lugar a que la función pública fuera descuidada.

El 25 de agosto de 1930 fue depuesto el presidente Augusto Bernardino Leguía y Salcedo por una revolución encabezada en Arequipa por el Tte. Crl. Luis Miguel Sánchez Cerro.

El Mayor EP (r) Jerónimo Santiváñez Túpac Yupanqui, después de permanecer tres años exiliado en Costa Rica, había vuelto al país y permanecía en San Jerónimo de Tunán, su tierra natal. Ante los desórdenes en Huancayo, fue nombrado subprefecto y luego prefecto del departamento de Junín.

Esta vez se presentaba una brillante oportunidad para el traslado, pues no había Congreso y el Presidente de la Junta de Gobierno era amigo y compañero de Jerónimo Santiváñez. Los miembros del ejército que formaban parte de la Junta de Gobierno apoyaban la idea, incluyendo al coronel Ernesto Montagne Markholz, partidario del traslado de la Capital de la República a Huancayo.

El equipo del Mayor EP (r) Santiváñez preparó el proyecto de decreto ley. Los primeros días del mes de enero de 1931, el nerviosismo era tremendo, pues se sabía que ya había sido tratado en Consejo de Ministros el caso del traslado. El 13 de enero el prefecto fue a la secretaría de palacio de gobierno; allí el secretario le mostró el DL ya firmado. Así pues se había consagrado el éxito de las gestiones por el bien y progreso del Departamento de Junín.

A Huancayo todavía le debe muchas glorias el porvenir; hoy es una enorme y progresista urbe, lo mejor de toda la región andina.