El último intendente de Tarma, brigadier Joseph González de Prada, huyó hacia Lima ante la proximidad de la Expedición Libertadora. El abuelo del famoso anarquista Manuel González Prada, sofocó a sangre y fuego la revolución de José Crespo y Castillo en 1812.

Bajo el apacible cielo y clima de Jauja, Álvarez de Arenales, el 22 de noviembre, ordena al coronel Manuel Rojas, perseguir a los realistas que huyen por Acolla-Loma Largo, hacia Tarma. El 23 logró tomar prisioneros, seis piezas de artillería, 500 fusiles, 50 mil cartuchos y 200 caballos. La noche del 25 el pueblo tarmeño, recibió apoteósicamente al grueso de la Expedición Libertadora comandado por Juan Antonio Álvarez de Arenales González.

Los tarmeños reunidos en Cabildo designaron a Francisco de Paula Otero, Gobernador Intendente Político y Militar, como tal fue quién Proclamó la Independencia de Tarma al mediodía del 28 de noviembre de 1820. Seguido del Te Deum.

Al día siguiente en Cabildo abolieron la contribución de tributos, los estancos y se reconoció el libre tráfico del comercio.

La intendencia de Tarma pertenece ya al territorio independiente; los que la oprimían no existen, sino para aplaudir la generosidad del vencedor; en toda su extensión ha sido batido el enemigo: una parte de las tropas lo ha abandonado, al oír el grito de la razón y de la libertad; los pueblos han sentido por primera vez el placer de existir para sí mismos, y es más fácil que sacrifiquen su vida que el que vuelvan a enajenar su independencia.

Las milicias de Huancayo, Concepción y Jauja y Tarma quedaron bajo las órdenes del Gobernador Intendente Político y Militar, Francisco de Paula Otero. Cuya misión fue sostener a los beligerantes, continuar la propaganda política e impedir o retardar cualquier empresa de las tropas realistas sobre la retaguardia de la División Expedicionaria.

Alejandro Palomino Vega, señala que el pronunciamiento de Tarma fue el de mayor importancia, no sólo por la forma solemne y multitudinaria en que se llevó a cabo, sino porque a través de todo el proceso de la emancipación, supo conservar en alto la bandera de la libertad; pues, los otros pueblos liberados como Jauja y Huancayo, pronto fueron reconquistados por los realistas, permaneciendo en su poder hasta la Capitulación de Ayacucho. Tarma durante esta época sirvió de verdadera frontera con el territorio realista: mientras que Huancayo y Jauja fueron centros del cuartel general de José de Canterac, jefe realista.

Desde el 29 de noviembre por orden de San Martín, Tarma consignó en el encabezamiento de sus documentos oficiales: “AÑO DE 1820 Y PRIMERO DE SU INDEPENDENCIA”.

Cabe destacar que San Martín, concedió a los patriotas del Departamento de Tarma por decreto de 24 de noviembre de 1821, el uso de un escudo de plata, con la inscripción: A LOS CONSTANTES PATRIOTAS DEL DEPARTAMENTO DE TARMA.

Francisco de Paula Otero y Goyechea

Nació en Jujuy-Argentina el 2 de abril de 1773. Fueron sus padres don Martín Otero y García y doña Luisa de Goyechea, ambos de estirpe española. En 1807 se inicia en la carrera militar como Cadete del Regimiento de Caballería en Salta.

Luego dedicado al arrieraje y comercio entre vidalas, yaravíes y mulizas, viaja por territorios de Argentina, Bolivia y Perú, afincándose en Tarma desde 1815 en el que contrae matrimonio con Petronila Abeleyra.

El 28 de noviembre de 1820 es designado por votación unánime Gobernador, Intendente Político y Militar de Tarma y en tal condición Proclama la Independencia de Tarma, otorgándole Álvarez de Arenales el grado de coronel de milicias regladas.

Nombrado presidente del departamento de Huánuco y jefe del batallón N° 1, concurre a las batallas de Junín y Ayacucho.

Al producirse el golpe de Estado del tarmeño Pedro Pablo Bermúdez Ascarza, el 4 de enero de 1834, apoyó a las fuerzas adictas al presidente Orbegoso, participando en el Histórico Abrazo de Maquinhuayo, Jauja que tuvo lugar el 24 de abril de 1834, donde fue ascendido a general de división.

Después de una vida agitada al servicio del Perú, retornó a Tarma. Falleció a los 81 años el 13 de abril de 1854. Sus restos reposan en el cementerio general de Tarma.