La noticia cundió como un clarín revolucionario: acababan de desembarcar en Paracas las tropas libertadoras de San Martín. Era entonces el 7 de setiembre de 1820. Jauja como todos los pueblos de la Nueva Castilla vibraron de entusiasmo. Al fin se percibía el pálpito entrañable de vencer el yugo hispano.

Mientras jubilosamente Huancayo festejaba su Independencia. El general Antonio Álvarez de Arenales, al enterarse de la fuga precipitada de los españoles hacia Tarma por la ruta de Jauja-Acolla, ordenó al mayor argentino Juan Lavalle una persecución implacable al brigadier realista José Montenegro “hasta alcanzarlo y aniquilarlo”. Objetivo que se cumplió, en la Gloriosa Batalla de ACOLLA, Puchococha y Cruzpata. Lavalle, forzando su marcha causaron serios estragos a la retaguardia enemiga en San Lorenzo, Ataura y Maquinhuayo.

El pueblo de Jauja, impacientes por su libertad, esperó el arribo del Ejército Libertador y en presencia de Antonio Álvarez de Arenales, vibrando de entusiasmo Proclamaron y Juraron su Independencia el 22 de noviembre de 1820.

Efectivamente, los patriotas jaujinos presididos por el Gobernador de la villa de Jauja, coronel Pedro Gonzáles y los principales y notables ciudadanos Hilario Lino, Gregorio Suárez, Rafael Zevallos y el sacerdote Estanislao Márquez, que redactó el Acta de la Independencia de Huancayo, designaron al capitán Alejo Martínez Lira para el Acto Histórico.

El capitán Alejo Martínez Lira con gesto de irrecusable patriotismo, desde los históricos balcones del Cabildo, anunció el deseo del pueblo jaujino, de proclamarse libre por siempre. De pie ante la historia preguntó afirmativamente:

¡DESCENDIENTES DE LOS INDÓMITOS HATUN XAUXAS, JURÁIS SER UN PUEBLO LIBRE E INDEPENDIENTE DE LOS REYES DE ESPAÑA Y DE TODA DOMINACIÓN EXTRANJERA, DEFENDER LA RELIGIÓN CATÓLICA Y LA LIBERTAD AÚN A COSTA DE SUS VIDAS!

Llenos de santo ardor y júbilo patriótico, resonó el eco de sus voces en el infinito, rubricando con un sonoro:

¡¡¡SÍ JURAMOS, SER LIBRES!!!

Alejo Martínez Lira, agitando el flamante bicolor que encarna la libertad, emocionado concluyó:

¡VIVA JAUJA LIBRE!

¡VIVA SU INDEPENDENCIA!

¡VIVA LA LIBERTAD DEL PERÚ!

El dominico Estanislao Márquez, ofició el Te Deum por la Independencia de Jauja, exaltando el acto heroico que cobra especial relieve, entendiendo que Santa Fe de Hatun Xauxa fue fundada por el conquistador Francisco Pizarro con la categoría de Capital de la Nueva Castilla de Oro.

Así, en medio de aplausos atronadores, delirante entusiasmo, repique incesante de campanas y las tradicionales 22 salvas de los cañones de la Expedición Libertadora, se rompió las cadenas de tres siglos de oprobio y esclavitud.

Desde el 23 de noviembre por orden de San Martín, Jauja que Proclamó y Juró su Independencia consignó en el encabezamiento de sus documentos oficiales: “JAUJA, AÑO DE 1820 Y PRIMERO DE SU INDEPENDENCIA”.

Prócer Alejo Martínez Lira

Nació en Jauja el 28 de julio de 1786 del matrimonio de Esteban Martínez y Francisca Lira, criollos que dejaron en Jauja a una familia de rancia estirpe mestiza y que hasta ahora viven sus descendientes. Fue el encargado de Proclamar la Independencia de Jauja. Desde ese momento prestó valiosos servicios a la causa de la libertad.

Nombrado Capitán del Regimiento de Granaderos Cívicos y más tarde teniente coronel de las huestes de San Martín y Bolívar. Perdió su hacienda, su quinta y vio reducidos a su esposa e hijos en la más completa miseria por la represalia española.

Soldado veraz e inteligente, prestó magníficos servicios en la Gesta Emancipadora que operó en el Centro del país. Declarado Prócer de la Independencia, inicia en Jauja y en la familia Martínez una tradición militar.

He aquí a un hombre, refiere Waldemar Espinoza, que permanece verdaderamente ignorado. He aquí a un patriota que, desde un comienzo, dio las pruebas más inequívocas de su adhesión al régimen instaurado por San Martín y Bolívar. Un jaujino que permaneció invariable a la causa de la Independencia y a los principios republicanos. Un jaujino que no tuvo otro deseo que el de la libertad del Perú y América. Un peruano que jamás traicionó el compromiso que contrajo desde un comienzo y cuya conducta, honor y decoro nunca desmerecieron la personalidad de un Oficial honrado.

En brazos de su esposa Isabel Casas, falleció en su tierra natal y amada Jauja el 28 de julio de 1835.