Álvarez de Arenales arribó a Huancayo con el propósito manifiesto de destruir al enemigo comandado por José Montenegro y Mariano Ricafort. Asimismo, apoderarse del fértil valle del Wankamayo, asegurando alimentos, vituallas y forrajes para el Ejército Libertador. Fue su preocupación también la de animar y convencer a los habitantes de viril pueblo Wanka, para que Proclamara su Independencia.
El general argentino, a su llegada, halló a un pueblo muy exaltado por la Independencia. La simpatía con que fue recibido, les recompensó las penalidades que sufrieron en el camino de un mes lluvioso. Huancayo fue, pues, un vecindario que exhibió y evidenció un enorme entusiasmo por la causa de la Emancipación.
A la sazón el coronel Marcelo Granados era Gobernador de Huancayo; Párroco del Curato, RP. Estanislao Márquez; y Escribano Juan de Dios Marticorena.
Convocados por Arenales en la capilla “La Merced”, la Iglesia Matriz estaba semidestruida y la actual catedral en construcción. Acordaron Declarar, Proclamar y Jurar la Independencia de Huancayo, ya que todo el vecindario estaba conforme. El día señalado fue el 20 de noviembre de 1820. La ceremonia se cumplió en un tabladillo levantado en la 5ª cuadra de la Calle Real de los Incas; frente a la histórica plaza Huamanmarca y actuales edificios del Gobierno Regional de Junín y Municipalidad Provincial de Huancayo.
Entre la multitud sobresalían los sacerdotes Manuel de Arancibia y Manuel María Trujillo con sus feligreses de Sicaya; Mariano Guerra Jefe de los Montoneros de Chupaca; indígenas de Huayucachi, Chongos, San Jerónimo de Tunán; el Jefe de los Montoneros de Acolla, Rudecindo Mayta Cáceres que en horas de la noche se inmolaría en Puchococha, paraje distante a 19 leguas de Huancayo.
La mañana soleada del 20 de noviembre de la sierra invernal, el coronel Marcelo Granados, dirigiéndose al viril pueblo wanka, agolpado en la plaza Huamanmarca; agitando la flamante bandera blanca y roja creada por San Martín el 21 de octubre de 1820, en medio de grata solemnidad, entusiasmo y delirio unánime, exclamó patrióticamente:
¡HUANCAYO DESDE ESTE MOMENTO ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD DEL PUEBLO, DESCENDIENTES DE LA INDÓMITA Y BRAVÍA RAZA WANKA… JURÁIS POR DIOS DECLARARSE LIBRES DEL REY DE ESPAÑA Y SER FIELES A LA PATRIA, AÚN A COSTA DE SUS VIDAS!
Con fulgor en los ojos, ante la algarabía patriótica popular, firme y pausado añadió:
¡HUANCAYO, SERÁ DESDE ESTE INSTANTE, LIBRE DEL DOMINIO ESPAÑOL Y DE CUALQUIER OTRA NACIÓN EXTRANJERA, PORQUE ASÍ LO JURAMOS SUS HIJOS, ANTE EL DIOS DE NUESTROS PADRES, EN EL ALTAR DE LA PATRIA LIBRE!
La respuesta estentórea y al unísono que resonó bajo el cielo wanka, fue un rotundo:
¡¡¡SÍ JURAMOS!!!
Marcelo Granados sudoroso, emocionado hasta las lágrimas que brotaban espontáneamente de sus ojos alucinados, mirando al infinito, exclamó seguro de sí mismo:
¡VIVA HUANCAYO LIBRE!
¡VIVA SU INDEPENDENCIA!
¡VIVA LA LIBERTAD DEL PERÚ!
Expresiones cuyo eco resonaron, más allá de la histórica plaza Huamanmarca y a lo largo del Qapaq Ñan. Inmediatamente se echaron repiques de campanas y el solemne estruendo de las salvas de 22 cañonazos de la artillería del Ejército Patriota, rompieron el silencio, desencadenando la euforia del viril pueblo wanka.
Acto seguido Juan de Dios Marticorena, leyó en voz alta el Acta de la Independencia de Huancayo. En medio de sacra solemnidad religiosa, pero también en medio de un enorme bullicio patriótico, se firmó el Acta, redactado por el cura patriota Estanislao Márquez.
El solemne Te Deum, ofició el RP. Estanislao Márquez en cuya homilía, sustentó que la libertad es inherente al hombre, así escrito está en los Santos Evangelios y como tal todos deben luchar para conquistarla, aunque les cueste la vida.
De esta manera los wankas, festejaron su libertad del yugo español y, que más tarde defenderían con su vida, en la memorable batalla de Azapampa del 29 de diciembre de 1820, donde fueron vilmente masacrados. Merced a este heroísmo y a sus antecedentes de vocación guerrera y libertaria, Huancayo obtuvo el título de Ciudad con el renombre de Incontrastable.
Coronel Marcelo Granados
Fue el Gobernador Político y Militar del pueblo de la Santísima Trinidad de Huancayo en 1820. Nació en la villa del Señor de la Ascensión de Mito, hacia 1758. Cuando Proclamó la Independencia de Huancayo frisaba los 52 años. Perteneció a la casta española. Fue hombre robusto. El 1 de junio de 1772 sentó plaza de cadete de caballería, en el que sirvió trece años. El 5 de julio de 1785 fue ascendido a teniente de caballería, luego a capitán de infantería del regimiento de “Aragón”; amagando varias insurrecciones de los indígenas.
Arenales, luego lo nombró Teniente Gobernador de Huancayo, y como tal enviaba provisiones al Ejército Patriota. Los realistas pusieron precio a su cabeza y cuando recapturaron el “Valle del Gran Río”, en diciembre de 1820, se refugió en Lima. Tuvo que hacerlo; de lo contrario, hubiera muerto fusilado por los españoles.
Por su patriotismo y altos servicios a la Patria, fue condecorado con la Orden del Sol. El Libertador de Huancayo, al recibir la condecoración, pronunció solemnemente: Juro por mi honor y prometo a la Patria defender la independencia, libertad e integridad del Estado del Perú, mantener el orden público y procurar la felicidad general de América, consagrando a ella mi vida y mis propiedades.
La presente generación, en gesto de gratitud y reconocimiento, el héroe Marcelo Granados debe ser declarado Prócer de la Independencia, en el Bicentenario de la Independencia del Perú.