Guardado como ultrasecreto de guerra, cobra relevancia ahora que ingleses y españoles, para apoderarse del vasto territorio de América, utilizaron guerra biológica en la conquista de los imperios azteca, inca y comanche — muy poco investigada por falsos escrúpulos históricos, y extrañamente ignorada por los cronistas de la época.
Hernán Cortés y su primo Francisco Pizarro González pusieron en práctica los métodos de los mongoles que, en el siglo XIV, catapultaban cadáveres infectados con peste bubónica a las fortalezas enemigas, aterrorizando y diezmando poblaciones. Cruzados y musulmanes luchando por la posesión de Tierra Santa no son la excepción.
Tras el asesinato del emperador Moctezuma, Cuitláhuac le reemplazó — vencedor de Hernán Cortés en la “Noche Triste”. En noviembre de 1520, Cuitláhuac murió súbitamente, víctima de la viruela europea, y Tenochtitlán cayó. De igual manera, Huayna Cápac y su sucesor Ninan Cuyuchi murieron víctimas de la viruela, y el fabuloso Imperio Inca fue conquistado. Los colonos ingleses infectaron a los comanches y se apoderaron del vasto territorio norteamericano. Está comprobado que las epidemias en la historia universal han matado más que las propias guerras.
El historiador finlandés-americano Pekka Hämäläinen, en su libro “The Comanche Empire”, recuerda que los comanches fueron condenados al hambre, y en las reservaciones recibieron mantas infectadas con viruela.
El desamparo de los aborígenes ante estas misteriosas enfermedades sería bastante similar al de los europeos y asiáticos en la Edad Media del siglo XIV respecto a la mayor catástrofe de la humanidad: el primer gran brote de peste bubónica, que debió parecer un castigo bíblico — una octava plaga egipcia que superaba las siete anteriores.
Lo mismo ocurrió con aztecas, incas y comanches. Estos y otros pueblos nativos carecían de anticuerpos para las enfermedades que viajaban con los españoles. Considérese, por ejemplo, la película de Mel Gibson “Apocalypto” (2006), que retrata con verosimilitud la estupefacción de los mayas ante la muerte de origen desconocido que los diezmaba.
La profesora hispano-francesa Carmen Bernand Muñoz recientemente afirmó que las enfermedades que los conquistadores trajeron al continente americano exterminaron pueblos enteros y provocaron el colapso de las estructuras de poder de los incas, aztecas y comanches.
De no haber sido por la peste bubónica, Pericles no habría muerto en el siglo IV a.C. — el mayor gobernante democrático de Atenas de todos los tiempos. Y la historia humana sería diferente. Para muestra, un botón basta.