El Perú celebró el Cincuentenario de la Independencia en 1871 con el presidente José Balta, caracterizado por una agresiva política ferroviaria, iniciando la construcción del FCC. Obra emblemática del Cincuentenario.

El Centenario en 1921 presidió Augusto B. Leguía, fasto que se prolongó hasta 1924, con la inauguración de obras de envergadura que modernizó y embelleció la Capital.

En 1971 el general Juan Velasco Alvarado, reivindicó la participación del pueblo peruano en la gesta libertaria, con la edición de la monumental colección de 108 tomos del Sesquicentenario de la Independencia.

De no mediar algún exabrupto político, Francisco Rafael Sagasti Hochhausler, presidirá los actos celebratorios del Bicentenario, sin obras de envergadura; que en medio de la crisis política y la pandemia del Covid-19, sucedió a Merino y éste a Vizcarra. Martincito, sin duda será recordado por haber disuelto el Congreso y despilfarrado 700 millones en elecciones extraordinarias congresales. ¿Habremos cambiado mocos por babas?

Ahora bien. Dígase lo que se quiera sobre Leguía, cuando todo arreciaba en su contra: paros, protestas, asesinatos y hasta incendiaron el Palacio de Gobierno a sólo 25 días del 28 de julio de 1921, se fajó bien la Banda Presidencial, celebrando en grande el Centenario de la Independencia.

Leguía en sus memorias “Yo Tirano… Yo Ladrón”, afirma que se alojó en la Prefectura donde siguió despachando con decisión y eficacia, tomó disposiciones necesarias para que el Palacio de Gobierno pudiera estar habilitado para la celebración del Centenario. Y así fue. Las fiestas fueron apoteósicas, suntuosas y se derrochó alegría con la llegada de una treintena de embajadas y misiones, según Basadre.

Invitó a todos los países de América, incluso del mundo que llegaron con sendos regalos. Alemania: Reloj del parque Universitario. Bélgica: Estatua del Estibador y “Plaza Bélgica”. Italia: Museo de Arte. Brasil: Construcción de la Av. “Leguía”. España: Arco de la Amistad. Inglaterra: Estadio Nacional, luego remodelado por Odría. China: Fuente China. Estados Unidos: Estatua de Jorge Washington y “Plaza Washington”. Francia: Estatua de la Libertad y “Plaza Francia”. Japón: Estatua de Manco Cápac y “Plaza Japón”.

Se inauguró el monumento a San Martín en la “Plaza San Martín”, se creó la “Medalla del Primer Centenario de la Independencia Nacional”, quedó restablecido la Orden “El Sol del Perú”.

El editorial del 28 de julio de 1921 de “El Comercio” es elocuente: “Como el caminante se detiene, a veces, volviendo el rostro para apreciar la magnitud de la ruta recorrida, así los pueblos contemplan en el vasto panorama de lo pretérito la visión de sus hechos” y reflexiona sobre cómo la historia instruye a los pueblos.

Leguía en el “Oncenio” fue adulado hasta límites insospechables: el parlamento le otorgó el título de “Prócer de la República”. Su gabinete ministerial le regaló un cuadro al óleo con su retrato y, el ministro Pedro Rada y Gamio declaró emocionado: “No hemos encontrado nada digno de ofreceros: sólo vuestra propia efigie”. Se le hizo miembro de la Real Academia de la Lengua y Doctor Honoris Causa de la facultad de Ciencias de la Universidad de San Marcos. Se habló del “Siglo de Leguía”, del “Júpiter Presidente”, del “Nuevo Mesías”, del “Wiracocha”, y se le comparó con Bolívar, Julio César, Alejandro Magno y Napoleón.

El 12 de octubre de 1929, el “Wiracocha” Leguía inauguró su tercer mandato presidencial consecutivo, ante el descontento popular por la imperante corrupción. El 25 de agosto de 1930, renunció a su cargo, tres días después del golpe de Estado encabezado por el comandante Luis M. Sánchez Cerro en Arequipa.

Tras su apresamiento, el “Júpiter Presidente”, fue juzgado, condenado y recluido en la Isla San Lorenzo, donde el mismo dictador envió a sus adversarios. Su casa fue asaltada, saqueada e incendiada. Luego fue trasladado al “Panoptico”.

El “Nuevo Mesías”, abandonado de sus más cercanos colaboradores y en la más completa miseria, víctima de cáncer a la próstata seguida de una bronconeumonía fulminante, murió el 6 de febrero de 1932.