Los carnavales en Tierra Adentro del Perú, son las más eufóricas, coloridas y populares: Fiesta de Todas las Sangres, en cuyo retablo se exhiben lo mejor de nuestra herencia cultural, expresados en desbordantes pasacalles y comparsas, danzas y músicas tradicionales. El sincretismo religioso cuya unión entre las tradiciones europeas y andinas, enriqueció y produjo particularidades muy singulares que caracteriza a cada región.

Los carnavales, tiene su origen en Egipto en honor a Osiris, dios de la fertilidad y engendrador. Grecia y Roma recrean, en los saturnales y bacanales fiesta de Dionisio y Baco.

Ya en la Era Cristiana, el Papa Gelasio I, instituye la festividad de la Virgen de la Candelaria el 2 de febrero del Año 494, para contrarrestar las fiestas paganas lupercales donde campeaba la lascivia y el desenfreno sexual.

En el año 711, cuando los árabes conquistaron a España, introdujeron el carnaval y durante 8 siglos, es decir hasta 1492, impusieron a sus súbditos españoles, esta tradición que lindaba con la pornografía. Hacia 1502 los reyes españoles Carlos V y Juana “La Loca”, prohibieron los carnavales musulmanes.

La costumbre de celebrar los placeres carnales, se mantuvo hasta la Edad Media. La Europa Cristiana hizo concordar con la Semana Santa.

Con toda esa carga llegó al Perú, el espíritu carnavalesco con los conquistadores y misioneros españoles, dedicando 40 días a las pasiones desenfrenadas, adquiriendo características particulares, según la geografía, clima y la idiosincrasia de los lugareños.

La festividad pomposa y multitudinaria de la Santísima Virgen de la Candelaria en Puno, inicia los carnavales el 2 de febrero, extendiéndose por todo el país.

En la región Junín y en particular en el valle del Mantaro los carnavales duran tres meses. En Jauja campean los tradicionales Cortamontes, acompañado del garbo y elegancia de la Pandillada Jaujina. Y en Huancayo la majestad del viril Huaylarsh Wanka. El Carnaval Jaujino y el Waylarsh Wanka, fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación.

La sátira es elemento primordial carnavalesco, encarnado en el “Ño Carnavalón” o “Don Calixto”, que representan a algún personaje generalmente político antipático a la población.