La historia se repite. El caso es que no hacemos caso a la historia, “Maestra de la Vida” como calificó en su tiempo Cicerón o “Maestra de la Verdad” según Cervantes. Por eso siempre hemos insistido que el gobernante debe saber la historia del pueblo que gobierna para gobernar bien. Sabemos por la misma historia, que el hombre es el único animal que cae tres veces al mismo hueco.

La peste bubónica o peste negra, causada por el bacilo “Yersinia Pestis”, que se contagia por la picadura de pulgas o de ratas infectadas, asoló la Europa Medieval entre 1346 y 1353, causando la muerte de 50 millones de personas.

El rebrote en la China en 1896 por la globalización comercial llegó a la India. En 1904, la epidemia cubrió el mundo entero. En 1903, llegó al Perú, por los puertos del Callao y Pisco. En el Callao se reportó el primer caso el 28 de abril y en Pisco, el 5 de mayo. Trece departamentos y 37 provincias, entre ellas Huancayo sufrieron la epidemia; los departamentos más afectados fueron La Libertad, Lambayeque, Lima y Cajamarca, según Luis Suárez Ognio. La temible peste se prolongó hasta 1930.

Así registró “El Comercio” en su edición del 3 de octubre de 1926: Esta epidemia se inició el 30 de agosto, cuando el sicaíno Apolinario Aliaga arribó a Huancayo, obrero del fundo “Pariache” de Chosica, infectándose junto con otros obreros. Apolinario Aliaga, infectó a sus paisanos y murió el 5 de setiembre. La primera víctima fue su esposa Mauricia Chipana, que falleció el 12 de setiembre y, junto con ella, murieron unos 23, todos del barrio “Vista Alegre” del distrito de Sicaya.

El médico Emilio Bravo Delgado y el alcalde de Sicaya César Baquerizo Samaniego, conformaron el “Comité Contra la Peste Bubónica”. Aislaron el foco infeccioso que era el barrio de “Vista Alegre”. Los cadáveres fueron incinerados con todas sus pertenencias; se realizó una campaña de limpieza y desinfección total de Sicaya; exterminio de ratas y pulgas. Estas medidas radicales, fueron apoyados como un solo hombre por los abuelos “Chaquipuros”. La peste fue erradicada en tres meses gracias a la disciplina y responsabilidad de los sicaínos de entonces.

Es más. John Taylor alcalde de Huancayo, con su dinero y personalmente acudió a los sicaínos convalecientes con víveres, medicina y desinfectantes. La Clínica Americana de Huancayo, brindó atención médica completamente gratuita. Y el cura salesiano RP. Pascual Fiori, caminaba incansablemente todos los días 10 kilómetros, entre Huancayo y Sicaya para asistir material y espiritualmente a los enfermos.

Los actuales alcaldes, médicos y sacerdotes, ¿qué han aprendido si han aprendido algo de la historia?

¡Si algo han aprendido. Entonces con el coronavirus hagamos igual o mejor! ¿Estamos?