Los descendientes de los antiguos guerreros wankas, otrora aliados de los españoles en el siglo XVI, convencidos que se libertarían de los Incas Qusqeños. Ahora luchaban sin cuartel por su libertad y por la Independencia del Perú.
Nemesio Ráez Cisneros, hijo de Nemesio Ráez Gómez el autor de la primera Monografía de Huancayo (1889). Publicó en el diario La Voz de Huancayo el 5 de enero de 1945 (Espinosa 1964), el Acta de la Independencia de Huancayo que fue redactado por el RP. Estanislao Márquez y leído el 20 de noviembre de 1820. Confrontando a través de las inferencias y el análisis histórico de la comparación, los nombres de los ciudadanos notables, así como de varios firmantes que participaron en la gesta heroica, más los nombres de los guerrilleros y en especial del Montonero y Héroe Acollino, Rudecindo Mayta Cáceres, que se inmolaría en la batalla de Puchococha, guardan relación (Mayta 1986).
Cabe subrayar que Estanislao Márquez, guardó con celo sagrado el Acta, evitando ser sustraído o caiga en manos de los sanguinarios realistas. Es posible que al ser trasladado de Huancayo a la parroquia de Ondores por las autoridades españolas, que después de la batalla de Azapampa el 29 de diciembre de 1820 volvieron a ocupar el valle del Mantaro, hasta la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824. El sacerdote patriota, llevó consigo el Acta entre sus documentos. Al incendiarse la iglesia de Ondores se habría quemado un ejemplar del Acta histórico. Después de 125 años, un manuscrito de tan importante documento llegó a manos de Ráez Cisneros, entregando una copia a Clodoaldo Alberto Espinosa Bravo, quien a su vez presentó en el Primer Congreso Nacional de Historia del Perú, realizado en Lima del 2 al 7 de agosto de 1954. Igual Ricardo Tello Devotto en 1963 en el III Congreso Nacional de Historia del Perú hizo lo propio; ambos sin fortuna por la mentalidad oligarca, limeña, centralista y fiebre documentalista de entonces, fueron rechazados.
El Acta de la Independencia de Huancayo, constituye una antorcha que reviva los fastos heroicos del viril pueblo wanka. En 1975, hallamos en los archivos de la Biblioteca Nacional, después de paciente investigación con el auxilio del maestro César Augusto Arauco Aliaga, entonces director de La Voz de Huancayo. Advertimos que los archivos del Diario Decano de 1945, fueron sustraídos en 1954 de su local ubicado en la Calle Real Nº 343 (actual edificio de la Caja Huancayo), luego incinerados por una turba. Copia del Acta de la Independencia de Huancayo que anualmente se lee cada 20 de noviembre, hemos entregado a la Municipalidad Provincial de Huancayo, ignorando injustificadamente nuestro aporte (Mayta 2011).
En el Sesquicentenario de la Independencia, los caviares, para llamar la atención; afirmaron que la independencia fue “regalada” por San Martín y Bolívar, incluso negaron la participación del pueblo en la gesta independista. Las evidencias demostraron todo lo contrario.
Colgándose del Bicentenario y alcanzar notoriedad a expensas de ilustres historiadores, hay quienes niegan la Independencia de Huancayo, porque no existe el Acta. Igual cuestionaron la fundación española de Huancayo, Espinoza Soriano les enrostró su ignorancia.
Las evidencias históricas demuestran que el viril pueblo wanka, el 20 de noviembre de 1820, Proclamó y Juró su Independencia, dejando a estas alturas poco lugar a las dudas. Y por cuya epopeya, conquistó el título de Ciudad con el renombre de Incontrastable; después de la masacre brutal, despiadada, cruel y sanguinaria del 29 de diciembre, por la osadía de proclamar su independencia.
Como el arqueólogo reconstruye una vasija con restos desperdigados. Así hemos reconstruido pacientemente esta historia a lo largo de medio siglo. Somos pues, reconstructores y recreadores del pasado, basados en el pensamiento crítico y reflexivo. Cual artesanos de la historia, escribimos sin excluir el mito que es inherente a toda epopeya. La Independencia de Huancayo es una epopeya que jamás entenderán los caviares. Entre ellos y nosotros hay un abismo.
Precisamente por los rescoldos de la historia tradicional, basada en el nefasto “papelito manda”; el pueblo fue borrado de la historia del Perú. Los escribas oficiales jamás registraron los hechos del pueblo, ni les interesó. Todos los héroes son aristócratas, uno que otro de sangre plebeya. La oligarquía manipuló a su antojo la historia para mantener y legitimar el poder, por la mentalidad retrógrada de basarse únicamente en documentos, tara mental, felizmente superada por la historia heurística. La evidencia es oro molido para los historiadores.
A través de la hermenéutica y de mano con la heurística hemos interpretado y reconstruido periodos oscuros; como subraya Lucien Febvre: “La historia se hace con documentos escritos, cuando las hay. Pero puede y debe hacerse con todo lo que el ingenio del historiador le permita utilizar.”
¿Por qué dudar que Huancayo, Proclamó y Juró su Independencia? ¿No somos capaces de tal epopeya? ¿Puede negarse esta gesta heroica por falta del Acta o simplemente porque no registró en Apuntes Póstumos… José Segundo Roca?
Urge replantear la visión burguesa de la independencia sin mezclar la ideología con la historia. Aprendamos la historia de los historiadores, para no cometer historicidio como Marx sobre Bolívar.