Santiago, noviembre de 1971

Anthony Stafford Beer desciende del avión en el aeropuerto de Pudahuel. Es teórico, cibernético y ha pasado 15 años desarrollando un marco sobre cómo las organizaciones pueden ser viables: capaces de sobrevivir y adaptarse en entornos cambiantes. Lo llama el Modelo de Sistema Viable, o VSM por sus siglas en inglés.

Salvador Allende, presidente de Chile desde noviembre de 1970, ha nacionalizado sectores clave de la economía. Alrededor de 150 fábricas ahora son propiedad del Estado. Y enfrenta un problema que ningún gobierno ha resuelto: cómo gestionar ese sector nacionalizado sin caer en la burocracia centralizada del modelo soviético, respetando la autonomía de cada fábrica pero coordinando recursos en tiempo real.

Salvador Allende, presidente de Chile, quien invitó a Stafford Beer a implementar el Proyecto Cybersyn. Salvador Allende, presidente de la República de Chile (1970-1973). Fotografía oficial. Fuente: Wikimedia Commons / Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — Dominio público.

Fernando Flores, Director General Técnico de CORFO (la corporación de fomento de Chile, responsable de gestionar las empresas nacionalizadas) y posteriormente Ministro de Economía y Ministro de Hacienda del gobierno de Allende, invita a Beer a implementar su modelo. Es una oferta sin precedentes: aplicar el VSM no a una empresa, sino a un sector económico completo.

Lo que ocurre en los siguientes dos años, antes de que el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 lo destruya todo, es una de las historias más extraordinarias de la intersección entre tecnología, organización y política. Y contiene lecciones que la industria de inteligencia artificial está redescubriendo medio siglo después.

Cybersyn: lo que realmente fue

El proyecto se llamó Cybersyn, contracción de cybernetics synergy. Su manifestación más visible fue la sala de operaciones: un espacio circular diseñado por Gui Bonsiepe con siete sillas giratorias, pantallas en las paredes mostrando indicadores económicos y botones para interactuar con los datos.

Sala de control del Proyecto Cybersyn, diseñada por Stafford Beer para gestionar la economía chilena en tiempo real. Reconstrucción digital de la sala de operaciones del Proyecto Cybersyn (Opsroom), diseñada por Gui Bonsiepe en Santiago de Chile, 1972. Fuente: Wikimedia Commons / Rama Cosentino — CC BY-SA 4.0.

La tecnología disponible era groseramente limitada. Chile en 1972 no tenía internet, no tenía computadoras en cada fábrica, no tenía bases de datos relacionales. Lo que tenía era una red de teletipos (máquinas de telex capaces de enviar y recibir texto mediante líneas telefónicas) y un único computador IBM 360/50, propiedad de la universidad técnica del Estado.

Beer y el equipo liderado por Flores construyeron un sistema donde cada fábrica nacionalizada reportaba indicadores clave vía telex al computador central: producción diaria versus esperada, inventario de materias primas, ausentismo laboral, problemas de maquinaria. Cuando un indicador se desviaba de lo esperado, el sistema generaba una alerta. Si la fábrica no resolvía el problema en un plazo definido, la alerta escalaba al nivel superior.

Es importante ser preciso sobre el alcance: Cybersyn gestionaba el sector nacionalizado de la economía (unas 150 fábricas), no la economía entera de Chile. Y la implementación era parcial: el reporte diario dependía de operadores humanos en cada fábrica que ingresaban datos manualmente en los teletipos. No era automático ni en tiempo real en el sentido moderno.

Pero la arquitectura organizacional que lo sustentaba era extraordinariamente sofisticada. Y estaba a punto de demostrarlo cuando todo se derrumbó.

La revolución interrumpida

El bombardeo al Palacio de La Moneda, 11 de septiembre de 1973 — el día que Cybersyn fue destruido. Bombardeo al Palacio de La Moneda, Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973. Fuente: Wikimedia Commons / Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — Dominio público.

El 11 de septiembre de 1973, tanques rodearon La Moneda. Allende murió. La junta militar de Pinochet tomó el poder.

Una de las primeras acciones fue desmantelar Cybersyn. La sala de operaciones fue destruida. Los teletipos fueron desconectados. Fernando Flores fue encarcelado durante tres años. Tras su liberación, Flores se exilió, obtuvo un doctorado en filosofía en Berkeley y se convirtió en un pensador influyente en el campo de la ontología del lenguaje y el diseño organizacional. Beer, ya en Inglaterra, recibió la noticia con lo que describió como una mezcla de dolor profesional y personal.

Lo que se perdió no fue solo un proyecto tecnológico. Se perdió la única implementación a escala real del VSM. Se perdió evidencia empírica que habría adelantado décadas la comprensión de cómo gestionar sistemas complejos con herramientas cibernéticas. Se perdió un laboratorio irrepetible.

Beer pasó el resto de su vida refinando el VSM, publicando obras fundamentales como "Brain of the Firm" [2], "The Heart of Enterprise" [3] y "Diagnosing the System for Organizations" [4]. Murió el 23 de agosto de 2002 en Toronto, a los 75 años. No vivió para ver los agentes de IA.

Pero el problema que intentó resolver en Chile está más vivo que nunca.

Lo que pasa cuando la IA opera sin modelo organizacional

En marzo de 2025, Allie K. Miller, ex directora global de ML en AWS y una de las voces más influyentes en IA aplicada (Time100 AI 2025), escribió: "The AI skills gap isn't about coding or prompt engineering — it's about systems thinking." [11] La brecha no está en la tecnología. Está en entender cómo funciona el negocio como sistema antes de introducir IA.

Beer habría estado de acuerdo. Pero donde Miller identifica el gap, Beer ofreció un modelo concreto para resolverlo. La diferencia se ve mejor con dos ejemplos reales de lo que pasa cuando ese modelo no existe.

Ejemplo 1: el agente que destruyó el margen. Una empresa implementa dos agentes de IA. Uno atiende ventas y tiene como objetivo cerrar la mayor cantidad de pedidos posible. El otro gestiona rentabilidad y tiene como objetivo maximizar el margen por operación. Sin reglas de coordinación entre ambos, el agente de ventas empieza a ofrecer descuentos del 40% para cerrar más rápido. El agente de rentabilidad no se entera hasta que los reportes mensuales muestran que el margen cayó un 25%. Dos agentes autónomos, cada uno cumpliendo su objetivo individual, destruyeron el resultado conjunto.

Este artículo es para miembros del Club MILENIUM

Apoya el periodismo independiente y accede a todo el contenido por el precio de un café.

Únete por S/ 5/mes

Cancela cuando quieras · Sin compromisos