Hoy marcha medio mundo. Perú, Argentina, Brasil, México, Colombia, Chile, Bolivia, Uruguay, España, Francia, Alemania, China, India y la mayor parte de África y Asia se detienen en honor al trabajador. Estados Unidos y Canadá no — ellos lo celebran el primer lunes de septiembre. La fecha nació en Chicago en 1886, cuando ocho horas de trabajo eran una utopía.

Ciento cuarenta años después, la utopía ya no es la jornada. Es entender que el trabajo que estamos defendiendo hoy es exactamente el que la inteligencia artificial está reemplazando esta semana.

El dato que nadie quiere mirar el día del trabajador

El Banco Mundial midió la exposición a IA generativa en América Latina y el Caribe: entre 30% y 40% de los empleos formales están expuestos, y entre 2% y 5% están en riesgo directo de automatización en el corto plazo. Las mujeres tienen el doble de probabilidad de ser desplazadas, porque dominan los sectores de banca, finanzas y administración pública — los más automatizables.

McKinsey calculó el otro lado de la ecuación: si LatAm absorbe la IA, suma entre 1.1 y 1.7 billones de dólares anuales y crece su productividad 1.9% a 2.3% por año. Hoy, sin embargo, solo el 23% de las organizaciones latinoamericanas genera valor económico medible con IA, y solo el 6% reporta valor significativo. Seis de cada diez pymes no capturan nada.

Tradúzcalo a soles: la región está dejando aproximadamente un billón de dólares al año encima de la mesa porque sus empresas confunden "tener ChatGPT" con haber transformado la operación.

El caso peruano: alta intención, cero ejecución

Las cifras peruanas son las más esquizofrénicas de la región. El 88% de las empresas usa IA en algún nivel, pero solo el 32% logra escalarla más allá del piloto (IBM, 2026). El 83% de los trabajadores la ve como aliada, pero apenas el 5% accede a herramientas dentro de su empresa (Infobae, mayo 2026). La inversión peruana en IA crecerá 3.9x en los próximos años — la mayor aceleración de LatAm — con un ROI promedio de 2.5x recuperado en 13.7 meses.

El problema no es la tecnología. Ya está comprada. El problema es que el organigrama no permite que la tecnología haga su trabajo.

La tesis de Jack Dorsey desde Block: la jerarquía es el nuevo costo hundido

En febrero de este año, Block (la empresa de Dorsey, dueña de Cash App y Square) despidió a 4,000 personas — el 40% de su plantilla. En marzo, Dorsey y Roelof Botha (Sequoia Capital) publicaron From Hierarchy to Intelligence, donde sostienen una idea que vale leer dos veces:

Las organizaciones se volvieron jerárquicas porque los humanos eran el único mecanismo disponible para coordinar trabajo entre personas. Eso ya no es cierto. Por primera vez, un sistema puede mantener un modelo continuamente actualizado de un negocio entero y coordinar el trabajo en formas que antes requerían capas de gerencia transmitiendo información hacia arriba y hacia abajo.

Block propone tres roles, no doce niveles: contribuidores individuales que construyen el sistema, DRIs (directly responsible individuals) que cargan un resultado en ciclos de 90 días, y player-coaches que siguen ejecutando mientras desarrollan gente. Mandos medios: cero. La tesis brutal de Dorsey, parafraseada por el coro de prensa que cubrió el lanzamiento: si no transformas tu organización de jerárquica a inteligente, alguien más inteligente te va a absorber.

Goldman Sachs lo entendió primero en banca: en abril desplegaron agentes autónomos basados en Claude (Anthropic) para contabilidad, compliance y operaciones financieras core.

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