Tenía 25 juveniles años, cuando el hombre llegó a la Luna, aquel 20 de julio de 1969. La noticia conmocionó al mundo. En Huancayo algunos privilegiados vimos en diferido por el Canal 2 del Estado, único canal de Tv en blanco y negro. Hoy a los 75 años recuerdo nítidamente.

Pendíamos del hilo invisible de la radio, mientras Neil Armstrong dirigía el módulo para posarse en la Luna. Horas después se abrió la escotilla. Armstrong primero, Aldrin después, descendieron lentamente a las arenas lunares, imprimiendo sus primeras huellas.

La humanidad paralizó el latido de su corazón: “Houston. Aquí la base Tranquilidad. El Águila ha alunizado”… Tensos, conmocionados, al escuchar a Neil Armstrong la célebre frase: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad”.

Todos vimos que Armstrong, bajó por la escalerilla y pisó la Luna con el pie izquierdo, primero. Ese paso coronó una década de esfuerzo que costó 24 mil millones de dólares, poniendo en prueba la pericia y el valor de los intrépidos astronautas y la devoción de sus seres queridos.

Inmediatamente los dos astronautas instalaron instrumentos científicos, retozaron un poco, recogieron muestras de rocas y otros especímenes. Todo el mundo menos Rusia, Japón y Cuba, hizo un alto en sus actividades para presenciar por televisión o escuchar por radio la más grande hazaña del hombre. Mientras la Tierra recibía regocijada a sus héroes espaciales, se recordaba a los pilotos norteamericanos y rusos que los precedieron en más de 8 años de exploración del espacio.

Después de hincar en la arena lunar la bandera norteamericana, develaron una placa de despedida: ¡Venimos en paz, en nombre de la humanidad!

Producto de la malsana imaginación pusieron en duda el alunizaje, alimentados por Rusia y Japón que no admitían que Estados Unidos por goleada les había ganado el campeonato espacial; que dejó huella indeleble en la historia de la humanidad.

El alunizaje del Apolo XI es el primer paso en nuestro camino hacia las estrellas. Las futuras generaciones, auxiliadas por la ciencia y tecnología de las que aún no tenemos idea, llevarán la semilla humana hacia millones de estrellas de otras galaxias. Y el histórico viaje del Apolo XI adquirirá con el tiempo rasgos legendarios. Tan igual que representa hoy para nosotros, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón un 12 de octubre de 1492.