20 de Noviembre de 1820
PROCLAMA Y JURA DE LA INDEPENDENCIA DE HUANCAYO
“EL PECHO DE SUS HABITANTES ES TAN FIRME Y VARONIL, QUE LA LANZA ENEMIGA HA PODIDO TRASPASARLO, MÁS NO APAGAR EN ÉL, EL FUEGO SANTO DE LA LIBERTAD.”
Gaceta del Gobierno
Así constató Juan Antonio Álvarez de Arenales el espíritu del pueblo wanka, que ardía por su libertad. Waldemar Espinoza Soriano, dice que sus palabras flamígeras prendieron la chispa del entusiasmo por la Independencia del Perú.
El general argentino, a su llegada, halló a un pueblo muy exaltado por la Independencia. La simpatía con que fue recibido y mirado, él y su ejército, les recompensó las penalidades que sufrieron en el camino largo y penoso de un mes lluvioso. Huancayo fue, pues, un vecindario que exhibió y evidenció un enorme entusiasmo por la causa de la Emancipación.
Álvarez de Arenales arribó a Huancayo con el propósito manifiesto de destruir al enemigo comandados por José Montenegro y Mariano Ricafort. Asimismo, apoderarse del fértil valle del Wankamayo, asegurando alimentos, vituallas y forrajes para el Ejército Libertador. Fue su preocupación también la de animar y convencer a los habitantes para que Proclamara y Jurara su Independencia.
Convocados por Antonio Álvarez de Arenales en la capilla “Nuestra Señora de las Mercedes”, reunidos Arenales, Granados, Márquez y Juan de Dios Marticorena; acordaron redactar el Acta y Jurar la Independencia de Huancayo. El día señalado fue el 20 de noviembre de 1820. Se hizo la jura en un tabladillo que se formó en la “5ª calle de Huancayo” o Qapaq Ñan de los Incas; frente a la histórica plaza Huamanmarca.
El solemne Te Déum y la Misa de Acción de Gracias por la Independencia de Huancayo, ofició el RP. Estanislao Márquez en cuya homilía, sustentó que la libertad es inherente al hombre, así escrito está en los Santos Evangelios y como tal todos deben luchar para conquistarla, aunque les cueste la vida.
Entre la multitud sobresalían los sacerdotes Manuel de Arancibia y Manuel María Trujillo y Ordóñez con sus feligreses de Sicaya; Mariano Guerra Jefe de los Montoneros de Chupaca; los indígenas de Huayucachi, Chongos, San Jerónimo de Tunán; el Jefe de los Montoneros de Acolla, Rudecindo Mayta Cáceres que en horas de la noche se inmolaría en Puchococha.
La mañana soleada del 20 de noviembre, el Gobernador Político y Militar de Huancayo, coronel Marcelo Granados, dirigiéndose al viril pueblo wanka, agitando la flamante bandera blanca y roja creada por San Martín, exclamó:
¡HUANCAYO DESDE ESTE MOMENTO ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD DEL PUEBLO, DESCENDIENTES DE LA INDÓMITA Y BRAVÍA RAZA WANKA… JURÁIS POR DIOS DECLARARSE LIBRES DEL REY DE ESPAÑA Y SER FIELES A LA PATRIA, AÚN A COSTA DE SUS VIDAS!
¡HUANCAYO, SERÁ DESDE ESTE INSTANTE, LIBRE DEL DOMINIO ESPAÑOL Y DE CUALQUIER OTRA NACIÓN EXTRANJERA, PORQUE ASÍ LO JURAMOS SUS HIJOS, ANTE EL DIOS DE NUESTROS PADRES, EN EL ALTAR DE LA PATRIA LIBRE!
La respuesta estentórea y al unísono que resonó bajo el cielo wanka, fue un rotundo:
¡¡¡SÍ JURAMOS!!!
Marcelo Granados sudoroso, emocionado hasta las lágrimas, exclamó:
¡VIVA HUANCAYO LIBRE!
¡VIVA SU INDEPENDENCIA!
¡VIVA LA LIBERTAD DEL PERÚ!
Acto seguido el Escribano Constitucional del Cabildo de Huancayo, Juan de Dios Marticorena y Bermúdez, leyó en voz alta el Acta de la Independencia de Huancayo. En medio de sacra solemnidad religiosa se firmó el Acta, redactado por el cura patriota Estanislao Márquez de las Casas.
Antonio Álvarez de Arenales y los soldados de la Expedición Libertadora del Centro, enaltecieron la ceremonia con sus honrosas presencias. El júbilo y el patriotismo fue muy ardiente. Y tuvo que ser así, porque la alegría serrana aumentó gracias a la música guerrera de la banda de músicos del Ejército Libertador.
Desde el 21 de noviembre por disposición de San Martín, Huancayo consignó en el encabezamiento de sus documentos oficiales: “HUANCAYO, AÑO DE 1820 Y PRIMERO DE SU INDEPENDENCIA”.
De esta manera los wankas, festejaron su libertad del yugo español y, que más tarde defenderían con su vida, en la memorable batalla de Azapampa del 29 de diciembre de 1820, donde fueron vilmente masacrados. Merced a este heroísmo y a sus antecedentes de vocación guerrera y libertaria, Huancayo obtuvo el título de Ciudad con el renombre de Incontrastable.