El 9 de diciembre celebramos el 195° Aniversario de la Batalla de Ayacucho, Pórtico de la Independencia Americana. Como ya es habitual se recordaron a los héroes Sucre, Córdova, La Mar, Miller. Y hasta las más recalcitrantes feministas, olvidaron a la única mujer, que luchó con el grado de Capitana: Manuela Sáenz.
Manuelita Sáenz escribió en el “Diario de Paita” en 1846: “Yo le di a ese ejército lo que necesitó: ¡Valor a toda prueba! Y Simón igual. Él hacía más por superarme. Yo no parecía una mujer. Era una loca por la Libertad, que era su doctrina. Iba armada hasta los dientes, entre choques de bayonetas, salpicaduras de sangre, gritos feroces de arremetidos, gritos con denuestos de los heridos y moribundos; silbidos de balas. Estruendo de cañones.”
Es la máxima heroína de la Independencia de América del Sur. Alcanzó celebridad por ser amante de Bolívar, pero fue mucho más que eso. No solamente fue tras un hombre, sino por un ideal: la Libertad del Nuevo Mundo. Fue Oficial del Estado Mayor General de la Campaña Libertadora con el grado de Teniente de Húsares. El odio, la “historia machista” y el ensañamiento de sus compatriotas la persiguió hasta el final de su vida, negándola un lugar en la gesta libertadora.
Fue la única mujer con rango militar de Capitán que peleó en Junín y junto a Sucre en la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, cuando tenía 28 años. Acuñó la frase: “LA HISTORIA NO HAY QUE CONTARLA SINO HACERLA.”
Sucre, el Mariscal de Ayacucho, en el Parte Oficial de Batalla dirigida a Bolívar refiere: “Se ha destacado por su valentía en particular la Capitana Manuela Sáenz; incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando avituallamiento de las tropas.”
Aunque Bolívar aceptó otorgarle el grado de Coronela, el presidente de Colombia, general Francisco de Paula Santander, rechazó la solicitud por odio a Manuelita. Sin embargo, San Martín en el Perú la condecoró con la “Orden de Caballeresa del Sol”, junto a otras 111 mujeres patriotas.
Desterrada de Colombia, Venezuela y Ecuador por el presidente Vicente Rocafuerte, se estableció en Paita, Perú, donde murió el 23 de noviembre de 1856, atacada de tifus.
Ecuador en 2007 trasladó simbólicamente sus restos desde Paita con el grado de Generala de Honor. Desde el 24 de julio de 2010, descansa en el Panteón Nacional de Caracas, ascendida a Generala del Ejército Bolivariano, junto a los del Libertador.
En vida Bolívar le dio el título más alto: “¡La Libertadora del Libertador!”